He hablado en otros post sobre el hecho de respirar y estar tranquilo cuando estemos surfeando. Incluso si nos va a caer una serie endemoniada en la cabeza debemos de relajarnos, y no agobiarnos.
Un día de excelentes olas no éramos muchos en el agua, así que nos estábamos poniendo morados. Las olas eran más bien grandes, de unos tres metros pasados (lo que es grande para mí) e íbamos cogiendo olas sin parar.
Creo que me vine arriba y estuve un par de veces cogiendo olas según llegaba al pico después de buenas surfeadas, y la tercera cogí una casi hasta la orilla. Comencé a subir, respirando tranquilamente y volviendo a retomar el pulso y la respiración. Estaba bastante cansado porque no había parado, y llegue a la zona previa al pico con la barra de energía en la zona naranja empezando a parpadear.
No iba mal, pero estaba cansado. Entonces vi cómo llegaba la serie más grande del día. Unos bichos que se levantaban más adelante de pico, puesto que las series grandes se elevan en zonas más adelantadas. Toda la gente del pico comenzó a nadar a tope para pillar la super serie o librar. Yo estaba demasiado lejos y calculaba que desgraciadamente esa serie me iba a caer en la cabeza.
Y no me equivocaba. A escasos veinte metros de mi cayó el primer zambombazo, después, otro, y otro, y otro, y otro. Iba aguantando bien, comiendo, y sufriendo en silencio, pero aún así iba ganando metros hacia delante y no estaba especialmente mal, aunque sí que estaba empezando a forzar la máquina.
Y después de lo que me parecieron mil olas atravesadas con éxito, llegó la traca final. Un muro de agua gigantesco, interminable, de los que te tienes que partir el cuello para mirar hacia arriba y ver su final.
Así que decidí tomarme un respiro. Sabía que no iba mal, pero que estaba un poco acelerado de respiración, y que si no pinchaba bien me podría llevar un buen rato al fondo y ahí podrían empezar los problemas, porque me iba a sacar el aire de dentro sí o sí. Eran demasiados litros de agua, demasiada potencia.
Así que antes de que llegara lo inevitable, decidí sentarme en la tabla y comenzar a practicar la respiración abdominal, relajado, como haciendo taichi. Ahí estaba yo, sentado en la tabla, respirando tranquilamente llenando los pulmones de aire, aunque parecía más bien como si estuviera pescando sentado en mi tabla, con un troncho delante que haría poner los pelos de punta a cualquiera que no conociera nuestro deporte.
Era lo mejor, estar tranquilo, respirar, parar un momento. Incluso se puede hiperventilar, aunque yo recomiendo la respiración abdominal, aunque hacerlo tumbado en la tabla no es lo ideal. Por eso me senté estuve unos cinco segundos y después me tumbé en la tabla e hice un sprint para llegar a pinchar la ola con velocidad, que es la clave.
Fue algo un poco surrealista. No sé si alguno de los que subían me vío en ese momento, e igual pensó que estaba como una cabra. Pero me ayudo a recobrar las fuerzas plenamente, a bajar pulsaciones y a tranquilizar la respiración, y pude pinchar esa ola tan cañera, sin mayor complicación.

Jaime Diaz de Arcaya






